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Hablamos con el psicólogo Gustavo Miró sobre cómo enfrentarse psicológicamente a la segunda ola de la pandemia

Tras varios meses de confinamiento, la reapertura y la llegada de la segunda ola de la pandemia de COVID-19, son muchos los procesos mentales que se han ido sucediendo durante los últimos 8 meses que en algunos casos está siendo difícil cuestionar.

El psicólogo Gustavo Miró señala que el largo encierro de primavera ha tenido efectos en todos nosotros, “no podemos decir que esto nos haya dejado igual que estábamos” pero sí apunta que tras el fin del confinamiento para la mayoría no ha sido especialmente difícil reconectar con sus rutinas y retomar sus relaciones casi con normalidad.

La situación desde hace semanas nos lleva, según apunta a convivir con las secuelas del primer confinamiento y con la incertidumbre y la ansiedad de lo que está por venir “que no sabemos lo que es”. Una ansiedad que será mayor o menor según la experiencia vivida meses atrás.

En este sentido incide en que sufrimos un corte inesperado en nuestras rutinas, viviendo una situación nueva para todos, aislados en casa, sabiendo que nuestro estado de ánimo depende en gran parte de nuestras relaciones sociales y nuestras actividades al aire libre. Aun así hubo personas que supieron readaptar sus rutinas aunque otras tuvieron más dificultades para ello, unidas a las ideas catastrofistas asociadas a la ansiedad y el miedo ante un contagio propio o de familiares.

Una ansiedad que se daba también a la hora de la apertura ya que el enfrentarse al virus esta vez fuera de casa no fue fácil para muchos y en algunos casos ese miedo persiste meses después.

Y sin haber superado eso, se vuelve a hablar de segunda ola, aumento de contagios, estado de alarma y de confinamientos, algo que tampoco afecta por igual a todos.

Explica Gustavo que depende de las expectativas de cada persona. Así quienes pensaran que la situación estaría ya controlada está viviendo la segunda ola menos preparados que quienes tuvieran la idea de que la crisis sanitaria se alargaría en el tiempo.

Ante un posible, segundo confinamiento, debemos hacer valer la experiencia y las herramientas adquiridas en el primero, volviendo a las rutinas confinadas e intentando extraer lo positivo de una situación que a nadie gusta.

“Buscar las partes aprovechables” de todo esto, dice Gustavo buscando actividades que nos motives, sustituyendo unas aficiones por otras que se puedan llevar a cabo en casa, manteniendo el contacto con nuestras familias y amigos con las herramientas que ofrecen las nuevas tecnologías, intentando no caer en el desánimo y el enfado.

Lo cierto, es que llevamos mucho tiempo conviviendo con restricciones, con normas y con prohibiciones y ahora inmersos en una, por otra parte, esperada segunda ola con el riesgo de que un exceso de confianza pueda acarrear más problemas, al pensar que si en la primera “no me paso nada, tampoco me pasará ahora”.

Gustavo Miró incide en el lado opuesto, sí hay muchas otras personas “a las que sí que les pasaron muchas cosas” habiendo pasado un contagio complicado en primera personas, a través de familiares y en algunos casos con pérdidas a causa del virus, por lo que hay que ser conscientes de la situación.

Lo que está claro es que la atención psicológica se está haciendo más necesaria que nunca, ya que tras una situación dramática como la vivida son muchas las consecuencias y secuelas que salen a la luz.

Para Gustavo Miró es importante que las personas sepan que tienen profesionales a los que recurrir y sobre todo advierte, que el aislamiento y la falta de contacto físico no supone “estar solos” y que mantener la comunicación con los demás siempre ayuda.