El ambiente previo a la Semana Santa ya se deja sentir en las calles con la llegada del Viernes de Dolores, una jornada marcada por la devoción y también por las costumbres que, con el paso del tiempo, han ido evolucionando.
Para muchos vecinos, este día sigue siendo sinónimo de tradición. No falta quien mantiene la práctica de evitar la carne como símbolo de respeto y recogimiento, una costumbre muy arraigada en la cultura cristiana. Sin embargo, la realidad social ha cambiado y cada vez son más quienes se alejan de estas prácticas, reflejando una convivencia entre lo tradicional y lo contemporáneo.
En este contexto, hemos hablado con Daniel, párroco de Parroquia de San Blas, quien ha querido poner en valor el significado original de esta jornada. Según explica, el Viernes de Dolores está dedicado a la Virgen María en su advocación de la Virgen de los Dolores, recordando el sufrimiento que vivió antes de la Pasión de Cristo.
Además, el párroco ha recordado cómo algunas prácticas del pasado reflejan también las diferencias sociales de otras épocas. Entre ellas, las conocidas “bulas”, documentos eclesiásticos que permitían, previo pago, quedar exento de ciertas normas como la abstinencia de carne. Estas dispensas, más habituales entre las clases acomodadas, evidenciaban una Iglesia y una sociedad muy distintas a las actuales.
Así, entre quienes mantienen fielmente las costumbres y quienes las reinterpretan o dejan atrás, el Viernes de Dolores sigue ocupando un lugar especial en el calendario, marcando el inicio emocional de una de las semanas más significativas para el mundo cristiano.
