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Feriantes llegados de distintos puntos de España ultiman sus preparativos para nuestra feria 2026

Llegan con sus camiones, sus atracciones y sus puestos. Algunos recorren cientos de kilómetros y otros llevan prácticamente toda una vida haciendo el mismo camino.

Es el caso de Loli, que llega desde Alcoy, en la provincia de Alicante, y que lleva más de 30 años instalándose en la Feria de Villarrobledo.

Un trabajo que comienza mucho antes de que las luces del recinto se enciendan. Montar una atracción puede llevar entre un día y día y medio y, además, hacerlo en pleno verano convierte el esfuerzo en todo un reto.

Pero es un oficio al que están acostumbrados. Durante buena parte del año recorren diferentes localidades y, en la provincia de Albacete y Castilla-La Mancha, Villarrobledo es una de sus paradas habituales.

Y si llevan más de tres décadas regresando es también porque aquí encuentran una respuesta que les anima a volver. Aseguran que a los vecinos les gustan especialmente los coches de choque y que el público de Villarrobledo responde.

Pero este año también hay quienes pisan por primera vez nuestro recinto ferial.

Alberto llega con dos atracciones de novedad que ha incorporado recientemente a su oferta y que trae directamente desde Italia. Una de ellas alcanza unos 20 metros de altura y la otra ofrece a los más pequeños una experiencia llena de vueltas, saltos y emociones.

Antes de abrir al público, todas las atracciones pasan por las correspondientes revisiones técnicas, que comprueban tanto las instalaciones eléctricas como el estado de los elementos y los sistemas de seguridad.

Y entre las atracciones también están los sabores de siempre.

Porque hay cosas que parecen inseparables de una noche de Feria. Como terminar de cenar, dar una vuelta por el recinto y acabar con unos churros y un chocolate.

En la churrería de José Luis llegan preparados para estos días con alrededor de 500 kilos de harina. Él lleva tres años viniendo a Villarrobledo, aunque acumula 36 años de experiencia en este oficio.

Una tradición que, como tantas otras, pasa de generación en generación y que hace que la Feria también se recuerde por sus sabores.

Y están también quienes, después de varios años viniendo, ya no se sienten como visitantes.

Francisco Jesús lleva cinco años instalándose en Villarrobledo con su puesto de vino dulce y asegura que desde el primer momento se sintió bien recibido. Tanto que, durante estos días, ha terminado creando vínculos con muchos vecinos.

Son historias diferentes, pero todas forman parte de una misma Feria.

Personas que llegan desde Alicante, Zaragoza, Italia o distintos puntos de Castilla-La Mancha y que durante unos días comparten con Villarrobledo su trabajo, sus atracciones, sus sabores y sus historias.

Porque cuando las luces se enciendan mañana, ellos también estarán detrás de que nuestra Feria vuelva a ser lo que es: un lugar para encontrarnos, disfrutar y, como cada año, volver a celebrar.