Dicen que en La Mancha, durante mucho tiempo, no hacía falta enseñar el DNI para saber quién era cada uno. Bastaba con decir un mote. Porque aquí, en muchos pueblos, los apodos han sido mucho más que una forma de llamar a alguien: han sido una seña de identidad, una herencia familiar y, en muchos casos, la auténtica tarjeta de presentación de generaciones enteras. En municipios como Villarrobledo y su entorno, los motes no eran simples apodos, sino referencias familiares que podían transmitirse de generación en generación.
En muchos casos, una familia era conocida durante años —incluso siglos— por un nombre alternativo que la identificaba dentro del pueblo. Recientemente, una vecina de la pedanía de Ventas de Alcolea ha recopilado esta tradición en un libro que recoge la historia y el significado de numerosos motes utilizados en Villarrobledo y su entorno. Un trabajo que contribuye a preservar un elemento del patrimonio inmaterial de la región que, con el paso del tiempo, ha ido desapareciendo del uso cotidiano.
Una de las particularidades de esta tradición es su carácter profundamente cotidiano y popular. Los motes no siempre se decían de forma directa, sino que muchas veces circulaban entre vecinos en conversaciones informales, en la calle o en el día a día del pueblo. En ese contexto, era habitual que todo el mundo acabara conociendo el mote de cada familia… aunque, en ocasiones, el propio interesado fuera el último en enterarse.
Esta forma de identidad social refleja una estructura comunitaria muy característica de los pueblos manchegos, donde la cercanía entre vecinos hacía que la información, los apodos y las historias circularan de forma constante dentro de la vida cotidiana. La autora, tras agotarse todos los ejemplares de la primera edición, ya está trabajando en una segunda edición, prevista para finales de este año, con el objetivo de seguir ampliando este registro de la memoria colectiva y contribuir a que esta tradición no desaparezca con el paso del tiempo.
Los motes forman parte de esa memoria popular que ayuda a entender cómo se construían las relaciones sociales en los pueblos manchegos, donde cada nombre contaba también una historia. Porque en esta tierra, a veces un mote dice mucho más que un apellido. Y mientras alguien siga recordándolos y contándolos, seguirá viva esa forma tan manchega de reconocerse, de nombrarse… y de no olvidar nunca de dónde se viene. De hecho, ¿Cual es tu mote?
