Con la llegada del verano regresan los vencejos a nuestras calles y a nuestros cielos, visita breve anual que aprovechan para criar en los rincones de los tejados de casas y edificios.
Es habitual ver cómo debido a las altas temperaturas las crías que aun no están listas para volar se aventuran fuera de sus nidos buscando algo más de fresco o simplemente en un intento fallido de emprender el vuelo, cayendo al suelo sin poder regresar al nido.
Es por ello que desde Amigos de la Naturaleza se han hecho cargo de todos estos vencejos caídos de los tejados que ellos mismos encuentran y también respondiendo a aquellos avisos que les transmiten los ciudadanos, llevándolos al centro de reunión de la asociación convertido ahora en un improvisado centro de recuperación de vencejos.
Caridad Moreno y Miryam Mondéjar, desde la Asociación, explican que ya ha atendido a más de un centenar de vencejos, también gracias a la colaboración de voluntarios que “adoptan” a uno o más de estas aves, cuidando de ellos hasta que están preparados para volar y son devueltos a la naturaleza.
Por todo ello, realizaban ayer una actividad retransmitida a través de redes sociales y a la que acudían algunos de estos voluntarios con el fin de informar de la importancia de estas aves para nuestro entorno y cómo cuidar de ellos, sobre todo en cuanto a alimentación.
Cari Moreno señala que cuando reciben un aviso recogen el vencejo y valoran si es posible su recuperación o si el pollo cuenta con lesiones importantes que deban ser tratadas por un veterinario o si definitivamente los daños son irreversibles.
Los que pueden ser recuperados son alimentados y cuidados por miembros de la asociación y por los voluntarios con una dieta a base de insectos, en este caso grillos que se pueden adquirir en Villarrobledo a través de una empresa dedicada a ello. La alimentación requiere de paciencia ya que se debe ayudar al pequeño vencejo a abrir el pico introduciendo la comida con unas pinzas sin dañarlo. Algo que habrá que realizar cada dos o tres horas.

Una vez que el pájaro se ha desarrollado lo suficiente para poder volar, se devuelve a la libertad. Miryam Mondéjar explica que para saber cuando el vencejo puede emprender el vuelo hay que fijarse en el peso, aproximadamente entre los 35 y los 40 gramos y en la longitud de sus alas que deben ser más largas que la cola. En ese momento el vencejo puede emprender el vuelo.
Los vencejos son aves muy características de nuestras ciudades, todo un ejemplo de adaptación a los entornos urbanos y muy beneficiosas para el ser humano. El 7 junio se celebraba por primera vez el Día Mundial del Vencejo, con el objetivo de incidir en estos beneficios que pasan por su alimentación ya que consumen únicamente insectos, sobre todo moscas y mosquitos que tantas molestias nos causan, pero también a la hora de conservar una especie que cada año regresa a reproducirse desde el continente Africano.
Los vencejos son aves de aspecto discreto que surcan veloces los cielos estivales de pueblos y ciudades. Viven volando durante meses o incluso años, sin detenerse para comer, beber, descansar o dormir, únicamente para criar o evitar fenómenos meteorológicos extremos se verán obligadas a permanecer posadas momentáneamente.
Un ejemplo de este fenómeno podemos observarlo en una tarde de verano, contemplando como los vencejos se agrupan volando a velocidades increíbles y sin parar de gritar. Se están preparando para pasar la noche a gran altitud (algunos radares los han detectado a más 2.000 metros del suelo), dormitando mientras vuelan describiendo grandes círculos.
Aunque aseguran que la respuesta por parte de los vecinos y vecinas está siendo muy buena, piden la colaboración de más voluntarios para poder atender a todos los vencejos que van llegando, por ello los interesados pueden ponerse en contacto a través de las redes sociales de Amigos de la Naturaleza, Facebook e Instagram, donde además aparecen los teléfonos a los que pueden dirigirse en caso de dar algún aviso o de querer “adoptar un vencejo”
